Estos días se ha hecho pública la versión beta de Libranda, el portal español de libros electrónicos. El anuncio oficial habla de un catálogo cercano a los 8000 títulos para fin de año, muy lejos de los 100000 que se publican anualmente1 en España.
El caso es que muchos usuarios han decidido probar el invento y se han encontrado con la dura realidad: Libranda no es una tienda online, sino un proveedor de contenidos para otras tiendas. Eso quiere decir que allí no se puede comprar ninguna obra, sino que se dedican a redireccionar hacia las tiendas que sí tienen los libros a la venta.
Y este detalle es una fruslería comparado con el asunto de los precios. Teniendo en cuenta que el formato electrónico ahorra costes de distribución e impresión, ¿cómo es posible que la versión electrónica de un libro se ofrezca apenas 4 euros por debajo de la versión impresa?.
En Amazon o Sony Book Store, por poner dos ejemplos, los bestsellers se ofrecen por algo menos de lo que cuesta un libro impreso, y aquellos con cinco o más años de antigüedad se venden por unos 4 ó 5 euros. Evidentemente, estas dos tiendas han logrado calar entre los usuarios y su oferta es lo suficientemente amplia como para atraer a los compradores.
Y el último asunto sería el de los formatos. Cabe destacar que una de las grandes lacras de Amazon como vendedor de libros electrónicos es el ofrecimiento de un único formato (obviamente compatible con Kindle), sin ofrecer como alternativa una versión EPUB.
Este formato EPUB es el estándar de facto que se ha impuesto a lo largo de los últimos diez años. Este formato es la base de la mayoría de formatos propietarios de cada marca o, al menos, compatible con la mayoría de lectores.
Dicho esto, a esta hora Libranda ofrece el formato EPUB por los motivos mencionados, aunque con una restricción decisiva: sólo permite utilizarlo en un aparato, es decir, si quieres utilizarlo en un PC, un PDA o el móvil, tendrás que elegir en cuál de ellos querrás utilizarlo (y a morir con ello).
En fin, la sensación que transmite Libranda, sobre todo por el tema de los precios, es que a los editores españoles no les interesa el negocio digital. No lo comprenden, como tampoco lo hicieron en su día las discográficas.
Es como si hubieran creado esta parafernalia online para frenar posibles críticas ante su ausencia del mercado digital. Es decir, a modo de coartada.